Nostalgia, desde Almendralejo, Extremadura

De un tiempo a esta parte, la Navidad cambió de color.

Ya no hay quien se quede con nosotros cuando mamá y Tita van a comprar marisco y embutido.

Tampoco quien le zumbe al bingo y nos entretenga entre sus villancicos antes de pasar a desear Prósperas Fiestas a los queridos.

Nadie que nos pele gambas, nos unte queso de torta Casar en panecillos ni nadie que nos recuerde la fortuna de poder rebosar la barriga.

¿Quién será el encargado de preguntar ahora por Papá Noel al caer en la décima la aguja? ¿Quién nos brindará monedas de chocolate? ¿Pesetas de las de a 100? ¿Y quién que nos alerte del peso que carga dormir remolonamente las mañanas?

Las calles se atavian de luces, ajenas al temblor de sus manos, su equilibrio casual, el gris en su rostro y sus interrogantes.

Por mi parte, no fui capaz de volver a relamer la victoria del cinquillo, el mazapán, los piñones y el polvorón de chocolate, las uvas atragantadas hasta diciembre, o hallar interés en quién descubrirá el Rey del Roscón el Día de los Niños.

El 26 ya no es su cumple, los hermanos se disolvieron y el mantel blanco echa en falta las horas arrebatadas.

Abuela Kika, sin ti la Navidad española es cualquier otra Navidad.

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